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Capitales niponas en la antigüedad: Análisis contrastivo del proceso evolutivo de las primeras urbes de Japón como emulación del modelo de metrópoli chino

El proceso formativo de las primeras capitales japonesas conforma uno de los fenómenos más apasionantes de la historia antigua del país del sol naciente. En un principio no existía en Japón la noción de gran ciudad central, como Chang’an (长安), que ejerciera la función de eje principal del Estado. Las capitales se reducían al palacio del emperador o emperatriz (天皇 [tennō]) que reinara en ese momento. Sin embargo, tras certificarse su defunción, eran inmediatamente abandonados debido a los profundos tabúes culturales asociados a la muerte y enraizados con firmeza en la mentalidad colectiva de la sociedad. Con todo, la necesidad de afianzar un gobierno más ambicioso y efectivo obligó a los dirigentes del país a depositar su atención en China.

A partir de entonces, el concepto de capital brotado en China, no solo en lo referente a la estética arquitectónica, sino también involucrando los aspectos simbólicos que enriquecían su anatomía, fue captado y emulado en varios ensayos hasta alcanzar el grado de excelencia con la inauguración en 710 de Heijō-kyō (平城京, literalmente “capital de la tranquilidad”), la actual Nara, y especialmente de su heredera espiritual, la megalópolis bautizada con el nombre de Heian-kyō (平安京 “capital de la paz y la tranquilidad), simiente de Kyoto, establecida como capital en el año 794.

Las capitales japonesas extendieron un harmonioso orden utilizando el entramado urbano y la deliciosa estética con las que estaban dotadas, pero también gracias al significado religioso que sustentaba y legitimaba su existencia. Desde la aprobación de los proyectos capitolinos, mediante los resultados auspiciosos recabados gracias al uso ritual de artes mánticas, hasta las consideraciones espirituales concedidas a los cinco puntos cardinales, los códigos religiosos se cristalizaron en las capitales clásicas de la antigüedad japonesa con centenares de matices.

Por consiguiente, el motivo de la comunicación propuesta consiste en disertar sobre la evolución histórica de las urbes y la influencia depositada por la religión en la peculiar evolución arquitectónica de las antiguas capitales de los períodos Asuka (552-710), Nara (710-794) y Heian (794-1185), ofreciendo una reconstrucción de los ambientes urbanos japoneses, sirviéndonos de fuentes de diverso origen (históricas, arqueológicas, literarias o religiosas, entre otras), que permitan dilucidar cómo se desarrolló la convivencia ecléctica entre las diferentes corrientes religiosas vernáculas y foráneas esparcidas por Japón, de qué manera se aposentaron en la bulliciosa vida capitolina y, en definitiva, conocer el papel crucial que desempeñaron en la confección del vívido tapiz que fueron estas prístinas metrópolis. Asimismo, se realizará un análisis comparativo entre la morfología presente en las capitales niponas y chinas con el fin de establecer los nexos de unión comunes y las particularidades autóctonas proyectadas en los modelos urbanos japoneses surgidas a partir de la adopción sistemática del modelo cultural chino.

Palabras clave

Capitales japonesas China Heian-kyō Heijō-kyō Japón

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Los autores de la ponencia

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José Enrique Narbona Pérez

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Catalina Cheng-Lin

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