CÓD.N04-S02-15 ONLINE

DOS ARQUITECTOS JESUITAS PARA DOS ANDALUCÍAS: PEDRO SÁNCHEZ S.J. Y GIOVANNI ANDREA BIANCHI S.J.

La Compañía de Jesús se funda canónicamente en 1540 y establece rápidamente numerosos centros con amplio campo de acción. Al principio centrados en el aspecto religioso, pero pronto también en el ámbito educativo. Incursiona, asimismo, en actividades productivas para su sustento y desarrolla proyectos de evangelización en la Yndias.

En 1547 se funda en Europa la Provincia jesuítica de Hispania y en 1553 se establece Santa Catalina, el primer colegio en Córdoba, Andalucía. Allí son creados diecisiete colegios jesuitas en medio siglo. En 1549 arriban misioneros jesuitas al Brasil. En 1566 llegan a la Florida y en 1567 al Virreinato del Perú. Hacia fines de siglo, se establece la Provincia de Paracuaria con centro en Córdoba [Nueva Andalucía y hoy Argentina]. Contaba con seis estancias de carácter mixto y treinta reducciones en el Guayrá. En casi un siglo la expansión jesuítica adquirió una envergadura singular.

Destacan en el proceso los arquitectos pertenecientes a la orden, que construyeron el bagaje edilicio de la orden y transmitieron el saber a la población indígena. En este trabajo trataremos las obras de dos de ellos, prominentes a un lado y al otro del océano [Atlántico] – Pedro Sánchez SJ en Europa a caballo de los siglos XVI y XVII; y Giovanni Battista Bianchi SJ en América en la segunda mitad del siglo XVII.

Buscamos estudiar y comparar sus trayectorias, cuantificando y calificando obras representativas – colegios y estancias – puntualizando factores de implantación y configuraciones, génesis y desarrollo. Intentamos especificar condicionantes y la situación actual de los estudios de caso. Asimismo confirmar, si existió, la relación de sus trabajos con el «modus noster» jesuita.

Abordamos el tema desde la historiografía de la arquitectura jesuita apoyada en herramientas gráficas como el CAD (dibujo asistido por ordenador) registros fotográficos, planimetría histórica y estudios territoriales con SIG (gvSIG; QGIS; ArcGIS).

Exploramos los procesos de desarrollo jesuíticos en Andalucía y la Nueva Andalucía, donde los arquitectos actúan, a partir de los requerimientos de la orden, las particularidades de cada establecimiento, las producciones o elementos educacionales. Por último, considerando las relaciones orgánicas dentro de la Compañía de Jesús, con el océano como puente e instrumento de enlace.

Esto nos permite precisar la especificidad de los trabajos de Sánchez y Bianchi, pero en una cierta homogeneidad conceptual que autores como Possevino S.J. analizan como modus noster jesuítico. Vemos cómo cada proyecto se adapta a las exigencias socioculturales con una fuerte impronta histórica, pero también a requerimientos funcionales de educación o evangelización. Siguiendo la huella de Sánchez y otros, en una Europa «compacta», vemos a Bianchi en ámbitos urbanos además de los rurales. Ejemplos son la Catedral de Córdoba [Arg.] y el Cabildo de Buenos Aires. A pesar de la amplitud geográfica y la distancia, la relación andaluza en los proyectos y los procesos constructivos es de destacar [como con Jan Krauss]. Ambos son súbditos españoles, pero no contemporáneos. Uno – Sánchez – peninsular; el otro – Bianchi – milanés, con influencias centro europeas.

Palabras clave

ANDALUCÍAS ARQUITECTURA JESUITA GIOVANNI BATTISTA BIANCHI MODUS NOSTER PEDRO SÁNCHEZ

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Preguntas y comentarios al autor/es

Hay 6 comentarios en esta ponencia

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      Eduardo Azofra Agustín

      Comentó el 26/11/2021 a las 07:50:44

      Hola, a todos los firmantes.
      Os felicito por vuestro trabajo, que me ha resultado muy interesante y "arriesgado", al centrarse en dos arquitectos que no viven en el mismo momento y cuyo trabajo se lleva a cabo en continentes diferentes. Y, en este sentido, va mi pregunta. Tras unas décadas donde parece que la historiografía ha planteado la no existencia de una "arquitectura jesuítica", ¿consideráis que se puede hablar de "arquitectura jesuítica"? El modo de hacer jesuítico, ¿plantea características propias?
      Saludos, y muchas gracias por vuestro trabajo.
      Eduardo Azofra

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        Gustavo Adolfo Saborido Forster

        Comentó el 26/11/2021 a las 08:59:13

        Muchas gracias Eduardo por el comentario. Ciertamente el estudio de nuestros dos (entre otros) arquitectos jesuitas es un desafío interesante. Si bien no son contemporáneos y los ámbitos de actuación son en dos continentes diferentes, ambos trabajan en última instancia dentro del marco de desarrollo y evangelización jesuita; lo que los hace en gran medida tener afinidades y similitudes.
        El autor Jeffrey Muller hace justamente referencia al jesuita Joseph Braun (1857 – 1947) quien demuestra que Roma nunca impuso un «estilo jesuita». O sea que tal estilo como mandato no existió. Braun, se menciona, inició un nuevo período historiográfico que llega hasta 1999.
        Fue Possevino S. J. – entre los primeros padres – quien compendia una serie de libros, entre los que se encuentran los de arquitectura y pintura, como también poesía. Possevino cubre en ellos las cuestiones importantes para los jesuitas a la luz de los dictados de Trento. Possevino combinaba el aspecto teórico con la experiencia práctica. Para ello se nutría de dos amigos: Ammannati y Valeriano.
        Con Braun, no creemos que haya un estilo jesuita propiamente dicho, pero si consideramos que hay un modo de hacer jesuita – el «modus noster» - relacionado con la misión evangelizadora. La tipología arquitectónica jesuita acompaña un estilo general en lo edilicio dentro del barroco; y se adapta a las culturas donde opera. Allí reside gran parte del modo propio. Porque las soluciones son variadas según el contexto y los objetivos. La arquitectura también – como es natural – refleja los orígenes de cada arquitecto. En Bianchi se ve la traza italiana del Milanesado, con influencia centroeuropea. Sánchez muestra la esencia hispano-peninsular, aunque con variantes.
        La obra jesuita no obstante es más que un estilo arquitectónico. La impronta industrial, territorial, paisajística, sociocultural en general, creemos que sí indican una importante y propia traza jesuítica.
        Nuevamente gracias y un cordial saludo. Gustavo Adolfo Saborido Forster.

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      Clara Mosquera Pérez

      Comentó el 25/11/2021 a las 23:31:01

      Estimados Gustavo Adolfo, Mercedes y Eduardo:

      En primer lugar, felicitaros por vuestro trabajo. Sin duda, el estudio comparado de ambos contextos evidencia una importante transferencia cultural. Me gustaría preguntaros cuáles son las claves tipológicas propias de la arquitectura jesuítica, que la diferencian de las de otras órdenes religiosas. Muchas gracias de antemano. Saludos

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        Gustavo Adolfo Saborido Forster

        Comentó el 26/11/2021 a las 02:01:05

        Estimada Clara. Muchas gracias por el comentario y la pregunta que ciertamente invita a la reflexión. Una pregunta que tal vez merezca un estudio comparativo más extenso. Ensayaremos, no obstante, algunas consideraciones.
        Primero comentar que si bien en nuestros estudios previos respecto a hechos y asentamientos puntuales la hipótesis era la de transferencia cultural, entendemos que aunque obviamente existió, no fue exclusivamente así. En un proceso jesuítico de unos 220 años, 150 de los cuales involucran al continente americano, encontramos desarrollo propio y simultáneo en las diversas orillas; un intercambio cultural más que transferencia.
        Los jesuitas fueron (son) hijos de la Iglesia y de la cultura, sobre todo la que los vio nacer. Como tales, la tipología de sus complejos tiene un gran parentesco con la de otras órdenes. El barroco, por mencionar el estilo más relevante, no fue prerrogativa jesuita. Pero por otra parte la Compañía de Jesús nace con una misión diferente a la de digamos, las clarisas, los franciscanos, los carmelitas. Los jesuitas, con su original impronta castrense, salen al combate por la Fe. Y ello impone conceptos diferentes en ámbitos específicos.
        Las claves tipológicas a veces parecen solamente circunscribirse a los edificios. En el caso jesuita, sobre todo en América, creemos que la tipología se extiende a la operación jesuita in toto; que a su vez vuelve a reflejarse en los edificios. En el contexto es importante el «modus noster» de la orden. Una especie de «manual de operación» con patrones, pero sin rigidez; «manual» implícito, que permitía la adaptación al medio, al usuario, a la encomienda específica. V arias haciendas jesuitas andaluzas tienen orígenes no religiosos y en cierta medida quedan separadas de los establecimientos educativos y religiosos. Los Ángeles en Alcalá de Guadaíra abastecía a San Luis de los Franceses. Excepto en ciertos casos, en las misiones de América - Caribabare en la Nva. Granada, el Guayrá, etc. – la operación era más integral e integrada. Lo educativo se superponía con lo religioso, pero más aún con lo productivo. Todo era parte de la evangelización; y era de «planta nueva». La tipología jesuita, por ejemplo, adquiere así ribetes industriales complejos.
        Todo el conjunto de actividades jesuitas puede decirse conforman una tipología, para una orden muy activa – no contemplativa – que en muchos casos debía trabajar para su propia subsistencia y actividad. Como dijimos, el tema merece mayor profundidad de análisis.
        Gracias nuevamente y un cordial saludo.

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      María Teresa Pérez Cano

      Comentó el 25/11/2021 a las 00:13:53

      Hola a todos los firmantes, me ha resultado muy interesante vuestra ponencia y más en concreto el planteamiento de sostenibilidad desde lo social que aborda la ponencia, en este contexto ¿pensáis que es sostenible el traslado de las tipologías arquitectónicas (en cuanto a imposición cultural, de materiales ajenos) desde una sostenibilidad ambiental? Entiendo que no es fácil, un saludo

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        Gustavo Adolfo Saborido Forster

        Comentó el 25/11/2021 a las 05:29:38

        Buenos días, María Teresa. Gracias por el interés en la ponencia y el comentario. Muy interesante la pregunta.
        Me permito responder por todos los autores, y abordando los componentes de la pregunta. Pero tal vez los compañeros quieran también comentar luego.
        El «traslado» de tipologías arquitectónicas se ha dado históricamente en forma natural en todas las culturas y en gran medida no parece haber sido una imposición per se. Es el modo de trabajo, el modo de diseño, el modo de construcción conocido para quien lo ejecuta, independientemente del lugar de ejecución y es lógico, sobre todo a la luz de una buscada eficiencia productiva, que utilice lo que conoce en el nuevo entorno. En el caso jesuita, no obstante, no hubo «imposición» sino, utilizando el lenguaje contemporáneo, más «negociación». Negociación con el nuevo medio, con los nuevos usuarios, con los nuevos condicionamientos. El caso de nuestros dos protagonistas es justamente interesante, porque apelan a soluciones diferentes según circunstancias y necesidades y condiciones socio culturales. En eso reside, en gran medida, la esencia y flexibilidad del «modus noster» jesuita. Y la sostenibilidad a la que nos referimos. Consideremos asimismo que la tipología que Bianchi utiliza – el que más «exporta» de los dos arquitectos – se adecúa al nuevo ámbito de trabajo. En la región de Moxos (Alto Perú) y el Guayrá, las respuestas tipológicas no fueron de esa índole.
        En cuanto a materiales, también las operaciones jesuíticas fueron altamente sostenibles. Difícilmente podríamos decir que los materiales fueron «importados». Sucede que en ambos ámbitos de actuación muchos materiales eran similares. Hasta el tapial peninsular era ya utilizado y pudo ser confirmado en las Españas indianas, p. ej. La piedra caliza de Morón de la Frontera también es abundante en Córdoba de la Nva. Andalucía. Y justamente los asentamientos urbanos españoles y luego jesuitas, se producen en zonas donde las condiciones son similares a las peninsulares.
        La arquitectura hidráulica jesuita en el Nuevo Mundo aporta lo heredado de romanos y árabes en Andalucía. Pero también se sustenta en las obras hidráulicas indígenas. O sea que no es una imposición sino, siguiendo a Isabel la Católica, un mestizaje cultural; a nuestro juicio una de las mejores políticas de sostenibilidad ambiental anticipando en siglos lo que en ciertos casos hoy se intenta implementar. Y una de las marcas de la Cía. de Jesús, incluso en el Asia. Valga resaltar también que en las Misiones jesuíticas del Guayrá se utilizó la piedra local, lo que llevó a ensayos de prueba y error costosos en tiempo. No fueron ni siquiera utilizadas piedras de otras regiones cercanas.
        Gracias nuevamente y cordiales saludos.

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