CÓD.N03-S06-06 ONLINE

LA NEGATIVIDAD DE LA “IMAGEN POBRE” Y LA PARADOJA DEL HIPERREALISMO

En el marco de la crítica de la Escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno) a la razón moderna, la industria cultural de masas es denostada -en tanto que producto de la racionalidad técnica- por convertir a los sujetos en consumidores pasivos, identificados con el positivismo vigente. En este contexto, el arte se alza como instrumento de resistencia, dada su habilidad para abrir mundos que no se identifican con la realidad dada. Es, por tanto, un resquicio para la utopía, capaz de vehicular realidades negativas. El cine ocupa en este panorama una posición compleja, a causa de su doble naturaleza como medio técnico y expresión artística. Por un lado, opera como el estandarte de la industria cultural, un negocio que genera espectadores uniformizados, pero por otro, deviene un arte con potencial emancipador.

En esta línea, los objetivos de la ponencia se encaminan a revisar ese ambiguo rol del cine, valorando sus implicaciones como arte negativo según las teorías de Adorno y Walter Benjamin. En último extremo se pretende alcanzar un análisis comparativo con propuestas contemporáneas orientadas a repensar la imagen como ejercicio subversivo. Concretamente, la hipótesis consiste en argumentar el concepto de “imagen pobre” (Hito Steyerl) como práctica visual negativa. Para ello se seguirá una metodología basada en el enfoque transdisciplinar de las Nuevas Humanidades, haciendo especial hincapié en los Estudios Visuales y su naturaleza  “indisciplinada” (Brea), así como su afinidad con los relatos minoritarios (Deleuze) a partir del “giro visual” (Mitchell).

Con tal propósito, se someterán a discusión varios aspectos. Primero, el pensamiento de Adorno, que evoluciona desde una consideración peyorativa de la técnica cinematográfica como industria de masas, hacia una visión esperanzadora del cine como experiencia subjetiva y arte liberador. Será un cine experimental, creativo, no profesional, ajeno a aquel hegemónico de Hollywood, cine mainstream, que Adorno denomina “cine papá”. En su opinión, el cine debe abandonar la reproducción mecánica de la realidad, pues esta técnica propicia la identificación del espectador con lo positivo. Por otra parte, Benjamin sostiene que el cine induce shocks que provocan sujetos domesticados, pero al mismo tiempo desencadenan un despertar y toma de conciencia apelando al “inconsciente óptico”. Sorprendentemente, esto es viable gracias a la reproductibilidad técnica del cine, que se aproxima a la realidad con una mirada distinta, libre de aura y reverencia cultual, y por eso es capaz de mostrar lo real desautorizado, lo negativo. Finalmente, se considerará una tercera mímesis de la técnica cinematográfica: la imagen hiperrealista de la digitalización; imágenes de síntesis que quieren dar impresión de realidad simulando efectos fotográficos espectaculares (Lipovetsky).

La ponencia aspira a resultados que alumbren la hiperrealidad como brazo largo del positivismo, sobre todo situando, como alternativa a la imagen mainstream de alta definición, las “imágenes pobres”. Pues siendo digitales, son precarias, comprimidas, copiadas y pegadas, errantes por plataformas y aplicaciones. Son imágenes que puede hacer cualquiera y que promueven la interacción compartida entre subjetividades, afectos e intensidades. De ahí que la conclusión sea erigirlas como contrapunto de la positividad.

Palabras clave

Cine digitalización estética Imagen simulacro

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María del Carmen Molina Barea

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