CÓD.N07-S01-03 ONLINE

La nueva mordaza. El discurso de odio como forma de censura

Introducción: El delito de discurso de odio castiga las opiniones de contenido sexista o tránsfobo, entre otros. Sin embargo, la existencia de este delito podría ser dañina para la democracia, porque lastra el juego político en el que se pueden expresar incluso las ideologías intolerantes. La legitimidad de las decisiones democráticas se basa en la crítica libre y el pluralismo ideológico.

Objetivos: analizar las acusaciones de discurso de odio que se esgrimen entre grupos discriminados, identificar el uso estratégico del discurso de odio como instrumento de elusión del debate.

Metodología: análisis crítico de la legislación, la jurisprudencia y las fuentes doctrinales relativas al discurso de odio.

Discusión: El delito de discurso de odio podría convertirse en una forma moderna de blasfemia. La sanción se basa en la opinión mayoritaria de la comunidad y en su cambiante criterio acerca de lo políticamente correcto. Como consecuencia, se pueden castigar comentarios que resultan ofensivos pero que no han generado ningún daño real. Es decir, el delito de discurso de odio permite que se restrinjan libertades para no herir sentimientos. Un importante problema que presenta la figura del discurso de odio es que la comunidad solo percibe una ofensa si previamente considera que algo está mal, de modo que no se perciben las formas de discriminación cotidianas y que se consideran normales.

Resultados: Es llamativo que la misma Plataforma Trans que denomina a las mujeres estatus de “personas gestantes” acuse a teóricas feministas como Lidia Falcón o Amelia Valcárcel de discurso de odio, beneficiándose de que la sociedad puede ver la transfobia pero está ciega ante la omnipresente misoginia. Mientras se anula una obra teatral como los “Monólogos de la vagina” para no ofender a nadie (el cuerpo de las mujeres parece ser ofensivo), nadie se plantea hacer algo contra la pornografía que, lejos de ser mero discurso, es una industria criminal fundada sobre la trata y la explotación de miles de adolescentes sin recursos. La sociedad castiga unos discursos de odio pero no otros. En efecto, si consultamos los “Informes sobre la Evolución de los incidentes relacionados con los delitos de odio en España”, observamos que las detenciones e imputaciones por delitos vinculados a la homofobia y la transfobia representan seis veces más que las imputaciones por motivos sexistas.

Conclusión: El discurso de odio podría estar empleándose para la represión selectiva de la divergencia ideológica. Resulta llamativo que quienes golpean y asesinan a las personas transexuales sean hombres, pero sean las mujeres feministas el grupo sistemáticamente acusado de “transfobia”. La acusación de “discurso de odio” no se está empleando para impedir los delitos contra las personas trans, sino para impedir que las mujeres sean escuchadas en el debate acerca de las leyes de “autodeterminación de género” que se van a aprobar. El discurso de odio puede perseguirse actualmente incluso por vía administrativa según unas controvertidas leyes autonómicas que permiten interponer multas de decenas de miles de euros por expresiones de “lgtbifobia”.

Palabras clave

feminismo libertad de expresión libertad de pensamiento Palabras clave: discurso de odio

Firmantes

Los autores de la ponencia

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Tasia Aránguez Sánchez

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